Rotulación integral del Instituto ISAF: fachada, escaparates y murales de un centro de formación deportiva
Un centro de formación no vende un producto que se pueda poner en el escaparate. Vende titulaciones, profesores y resultados, y todo eso es invisible desde la acera. El encargo del Instituto ISAF consistió en hacerlo visible: una fachada que ordenase cuatro marcas sin convertirse en ruido, unos escaparates que contaran la oferta completa, y unas salas de entrenamiento que dejaran de parecer un local vacío con máquinas dentro.
Qué pedía el Instituto ISAF
ISAF es el Instituto de Ciencias de la Salud y la Actividad Física, un centro de formación deportiva y de alto rendimiento con más de veinticinco años de recorrido y más de treinta mil alumnos titulados. Forma en entrenamiento personal, preparación física, nutrición deportiva, entrenamiento funcional, readaptación de lesiones, fisiología, actividades acuáticas, yoga y pilates, en modalidad presencial, a distancia y online, con acreditaciones internacionales detrás.
El problema de partida no era de diseño gráfico, era de jerarquía. ISAF no es una marca, son cuatro: la marca madre y tres líneas, Academy para la formación, Training para el entrenamiento y Nutrition para la nutrición. Las cuatro tenían que convivir en un mismo frente y entenderse de un vistazo, sin que ninguna se comiera a las demás.

Qué fabricamos e instalamos
La fachada: cuatro marcas y un solo frente
La solución fue separar los dos niveles en dos soportes distintos. Arriba, una banda blanca continua recorre todo el local con las tres líneas, cada una con su icono, su nombre y su descriptor debajo: Academy con formación, Training con entrenamiento, Nutrition con nutrición. Abajo y a un lado, la marca madre va en una caja roja de gran tamaño, con el símbolo y el nombre completo del instituto.
El reparto funciona porque cada nivel tiene su trabajo. El rojo es lo que se ve desde lejos y lo que fija la marca. La banda blanca es lo que se lee al llegar a la puerta, cuando ya interesa saber qué se hace exactamente dentro. Quien pasa a cincuenta metros retiene «ISAF»; quien pasa a cinco sabe que hay formación, entrenamiento y nutrición.
Los escaparates, convertidos en catálogo
El cristal no se decoró, se puso a trabajar. Los escaparates van cubiertos con vinilo impreso que reproduce fotografías del centro en tono apagado y, encima, el contenido en texto: el bloque de formación con el listado completo de especialidades, los reclamos de formación práctica para el empleo y certificaciones internacionales, y las tres modalidades destacadas en rojo. A la derecha, el bloque de entrenamiento personal y nutrición.
Es información densa y aun así se lee, porque está jerarquizada por tamaño y por color: primero el titular, luego los epígrafes, luego la letra pequeña. Un peatón que se pare treinta segundos sale sabiendo si ese centro tiene lo que busca, sin entrar y sin buscar en el móvil.

Las salas: gráfica que ambienta, no que informa
Dentro el planteamiento cambia por completo. Quien ya ha entrado no necesita que le cuenten la oferta, necesita estar en un sitio que le apetezca. Así que el interior se resolvió con murales fotográficos de gran formato: deportistas en plena acción, tratados en blanco y negro con toques de color en la ropa técnica, impresos y aplicados directamente sobre la pared.

Cada paño se resolvió según su forma. Los muros largos llevan composiciones de varias figuras a media altura. Las columnas llevan una sola figura de suelo a techo, que aprovecha la verticalidad en lugar de sufrirla. Los paños estrechos entre ventanas llevan una figura vertical que encaja justo en el hueco.


La variedad de disciplinas no es decorativa: fútbol, baloncesto, tenis, carrera, entrenamiento funcional. Es la forma de decir sin escribirlo que allí se prepara gente para todo tipo de deporte, que es exactamente lo que el centro hace.


El friso que lo cose todo
Por encima de los murales corre una banda oscura continua que repite la marca y las acreditaciones del centro a intervalos regulares. Es la pieza que convierte salas distintas en un mismo sitio: cambias de habitación, cambia el mural, y el friso sigue ahí. También es donde las acreditaciones están mejor colocadas, porque se ven desde cualquier punto sin robarle protagonismo a nada.


Cómo se resolvió
La clave del proyecto fue aceptar que fuera y dentro no piden lo mismo. La fachada tenía un problema de orden y se resolvió con jerarquía: dos soportes, dos niveles de lectura, dos distancias. El interior tenía un problema de ambiente y se resolvió con escala: figuras grandes, muchas, y un friso que las une.
Lo que sí es común a las dos mitades es la disciplina de marca. El mismo rojo, la misma tipografía, los mismos sellos de acreditación repetidos dentro y fuera. Por eso el conjunto se lee como un solo centro y no como una fachada y un gimnasio que coinciden en la misma dirección.

Si estás pensando en algo parecido para tus instalaciones, en la página de rotulación integral en Valencia está explicado qué incluye un proyecto así, cómo se organiza el montaje y en qué plazos se mueve.